Seguridad alimentaria: Más que un problema de producción, un derecho vulnerado

16 abril, 2012 | Sin categoría

La prevalencia de 1.000 millones de personas sin comida suficiente para gozar de una vida digna es inadmisible en pleno siglo XXI. Este problema responde a causas estructurales que deben analizarse entendiendo la alimentación como un derecho y no como un objetivo de política o una actividad productiva.

Allison Benson

Fotografía: miblogger-solomio

La seguridad alimentaria constituye uno de los más grandes retos de la política pública, del desarrollo agrícola y tecnológico y del compromiso de la comunidad internacional para garantizar los derechos humanos. El derecho a la alimentación fue declarado hace 65 años, y además hace parte del objetivo número uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el cual establece el compromiso de reducir a la mitad la pobreza y el hambre en el mundo para el 2015. No obstante lo anterior, existen hoy 1.000 millones de personas que no tienen comida [1] suficiente para gozar de una vida digna, algo francamente inadmisible en pleno siglo XXI. Si bien es cierto que los recientes aumentos en los precios de los alimentos, en ocasiones derivados del cambio climático, han agudizado los problemas de seguridad alimentaria, la prevalencia del hambre responde a una serie de causas estructurales que deben ser analizadas. Esto debe hacerse entendiendo la alimentación como un derecho y no como un objetivo de política pública o una actividad productiva, de lo contrario, difícilmente se conseguirán los avances necesarios en la lucha contra el hambre.

Esther Vivas, del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales plantea que la seguridad alimentaria no es un problema de producción de alimentos sino uno de acceso a estos. Una muestra de ello es que mientras  la población mundial se ha duplicado en las últimas cuatro décadas, la producción de comida se ha cuadruplicado. ¿Cuáles son entonces las dinámicas que impiden el acceso de 1.000 millones de personas a los alimentos? Como todo problema social, la seguridad alimentaria responde a una serie de aspectos coyunturales y a unos estructurales. Los factores climáticos son una de las principales causas coyunturales: las sequías, inundaciones, y los cambios de temperatura afectan constantemente las cosechas. Igualmente, el aumento de la demanda de carne, debido al desarrollo de los países, ha incentivado el uso de tierras para la ganadería extensiva, al igual que se ha desplazado la producción de alimentos gracias al incremento en los precios y en la demanda por biocombustibles [2]. Sin embargo, es importante reconocer que estos hechos no explican enteramente la prevalencia del hambre en el mundo, pues existen unos factores estructurales que determinan el funcionamiento del mercado de alimentos, que también han condicionado la manera como los gobiernos, las instituciones y las personas entienden el problema de la seguridad alimentaria.

Entre las principales causas estructurales se encuentra la inhabilidad de los Estados para hacer cumplir los derechos humanos que se comprometieron a hacer efectivos. En el marco de los derechos se entiende que los Estados tienen la obligación de respetar, proteger y promover el acceso a una alimentación adecuada, en especial de los individuos más vulnerables. Según esto, el Estado debe intervenir en situaciones que puedan poner en riesgo el derecho a una alimentación adecuada. Ejemplos de estas situaciones son los conflictos relacionados con los derechos de propiedad de la tierra, el cuidado de los recursos naturales que garantizan la producción de alimentos, la construcción de grandes proyectos de infraestructura o la actividad minera. Dado lo anterior, cabe preguntarse ¿Qué tan efectivos han sido los gobiernos para garantizar estos derechos? En el caso de Colombia, se han logrado avances recientes en estos temas. Por ejemplo, con la aprobación de la Ley de Tierras se devolverá tierra productiva a millones de personas, con la reestructuración del sector minero energético y el Ministerio de Ambiente se busca regular la actividad minera y su relación con los recursos naturales, y, por último, con la consolidación de programas sociales como Familias en Acción, que otorgan un subsidio de nutrición a familias vulnerables con niños pequeños. Aun así, hay 4.1 millones de colombianos subnutridos, representando casi el 10% de la población. Esta situación es bastante peor en países como Haití (57%) o en Etiopía, donde hay 32.6 millones de personas sin acceso adecuado a alimentos[3].

Estas cifras sugieren entonces que los Estados no han actuado con suficiencia para garantizar el derecho a la alimentación. Un ejemplo de esto es la corrupción y demora con la que fue manejada la ayuda humanitaria en alimentos en Haití tras el terremoto del 2010. No obstante, la magnitud de estas cifras implica que existen causas estructurales adicionales que impiden el goce efectivo del derecho a la alimentación, siendo la economía una de ellas. Importantes académicos y líderes sociales han planteado la responsabilidad de la economía neoliberal en la agudización de la inseguridad alimentaria. Por ejemplo, Vandana Shiva (2006) plantea que la producción de alimentos orientada al mercado ha ignorado el hecho que la ecología, al igual que la tecnología, están ligadas a la igualdad social y a las libertades individuales [4]. De esta manera, la mercantilización de los alimentos ha buscado únicamente la maximización de beneficios, poniendo en peligro el derecho a la alimentación, la salud y el medio ambiente. Si bien algunas de estas críticas pueden tener un tinte ideológico, sí existe una serie de hechos y fallas de mercado que deben resaltarse con relación al mercado de alimentos.

En primer lugar, las políticas de liberación comercial, la industrialización de la agricultura y la globalización han traído consigo ciertos problemas, en especial debido a que dichos cambios en el sector agrícola no han sido regulados eficientemente. Por ejemplo, las entidades regulatorias han fallado en eliminar las tendencias de concentración en el mercado, las ganancias excesivas o las externalidades negativas ocasionadas por la actividad agroindustrial. Prueba de ello es que las 10 empresas más grandes de semillas controlan el 50% del mercado mundial y el 84% del mercado de plaguicidas. Adicionalmente, en la distribución de alimentos las grandes superficies llegan a controlar el 95% del mercado, como sucede en Suecia [5]. Estos niveles de concentración otorgan poder monopolístico a los productores de bienes esenciales, lo cual lleva a preguntarse sobre cómo se avalaron estas fusiones, y si se está teniendo en cuenta que en este mercado los índices de concentración sobrepasan de la esfera económica a la de derechos humanos. Otra de las fallas regulatorias tiene que ver con los grandes proyectos agroindustriales alrededor del mundo, donde las grandes extensiones de cultivos que generan externalidades como la erosión del piso, el agotamiento de los recursos hídricos y la contaminación del ambiente, están desplazando cada vez más a los pequeños productores agrícolas que cultivan su alimento para subsistir. Por último, debe señalarse la debilidad de las instituciones gubernamentales y económicas ante las presiones de ciertos gremios o sectores con poder político y económico, cuyo lobby logra mantener los precios de algunos productos básicos por encima de los niveles óptimos.

La contraparte de esta discusión señala los avances que la agroindustria ha experimentado en los últimos años. Según ésta, el desarrollo de la ciencia y la tecnología ha aumentado la calidad de las semillas y de las cosechas, la tecnificación y modernización de los métodos productivos sobre todo en India y China ha permitido aumentar sustancialmente la producción de alimentos a nivel mundial. Este desarrollo ha ido de la mano con la tendencia a la homogenización de las semillas y los productos agrícolas. Este proceso surge de la investigación y el desarrollo de semillas resistentes y productivas, que progresivamente van reemplazando a otras clases. En principio esto podría ser beneficioso, suponiendo algo así como una “selección natural” de las mejores semillas. El problema es que esta progresiva uniformidad no siempre implica que se estén reemplazando unos cultivos por otros mejores y más resistentes. De hecho, esta es una de las principales críticas que se le hace al actual modelo de producción agrícola. Según expertos, como consecuencia de las tendencias a la uniformidad en la agroindustria, el 75% de la diversidad genética de los cultivos agrícolas se ha perdido en los últimos 100 años[6]. Este hecho es preocupante, ya que los monocultivos debilitan la capacidad de respuesta de los cultivadores frente a las plagas y los cambios de clima, lo cual pone en peligro las cosechas, la supervivencia de las especies y la salud de millones de personas. Adicionalmente, las plagas se pueden volver resistentes a los pesticidas con los que ya están familiarizadas, lo cual puede propagar enfermedades y pérdidas de cosechas alrededor del mundo.

Por otro lado, estas semillas de alta tecnología requieren de grandes inversiones en pesticidas y fertilizantes,  que por su parte generan contaminación en los suelos y los recursos hídricos próximos a las plantaciones. Otras de las críticas apuntan a los modelos mismos de investigación y desarrollo en la industria. Por ejemplo, Helen Goome[7], del Sindicato Agrario del País Vasco, argumenta que éstos se enmarcan en la búsqueda de la ganancia económica y no de la salud humana, la calidad de los alimentos, ni del bienestar de las personas que los cultivan.

Más allá de estas críticas que señalan los problemas del actual mercado de alimentos y del número de personas marginadas de él, los anteriores hechos y discusiones buscan poner de manifiesto las complicaciones que aún existen alrededor del tema de la seguridad alimentaria y, por tanto, de sus posibles soluciones. En el debate y en el diseño de políticas públicas para garantizar la seguridad alimentaria perduran interrogantes como: ¿Es la seguridad alimentaria una responsabilidad de las instituciones gubernamentales que deben intervenir para garantizar el acceso a los alimentos, o debe ser de las entidades económicas a quienes les corresponde regular el mercado agroindustrial, su monopolización y externalidades? ¿Debe continuarse apoyando el desarrollo de la industria y el comercio internacional de los productos agrícolas buscando aumentar el tamaño del mercado y su eficiencia, o debe apoyarse los mercados locales que cuentan con experiencia y conocimiento para cultivar en zonas específicas? ¿Debe continuarse mejorando algunas variedades de semillas, o debe promoverse la diversidad de cultivos, como Shiva lo denomina la “democracia de la comida”? ¿Bastan las mejoras tecnológicas, o se necesita más bien un cambio en la manera como se entiende la seguridad alimentaria? ¿Cuál es el rol de los consumidores en la lucha contra el hambre? Estas dudas y las cifras de seguridad alimentaria a nivel mundial, sugieren que existen aún consideraciones normativas y positivas que deben analizarse si se quiere que todas las personas tengan por lo menos el derecho a algo que comer.

NOTA AL PIE

  1. Tomado del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas Mapa del Hambre
  2. Tomado de la FAO Informe sobre el hambre en el mundo 2011: los precios de los alimentos permanecen elevados y volátiles
  3. Tomado de la FAO Estadísticas sobre Seguridad Alimentaria 2012
  4. Fifty key thinkers on Development. P 236.
  5. Tomado del Centro de Investigación para la Paz La cadena agroalimentaria: Un monopolio de principio a fin.
  6. Tomado del Centro de Investigación para la Paz Modelo agroalimentario, riesgos ambientales y salud.
  7. Tomado del Centro de Investigación para la Paz Seguridad alimentaria: el derecho de los pueblos a la vida.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Fifty key thinkers on development. (2006). Editado por Simon, D. Routledge.
  2. Informe sobre el hambre en el mundo 2011: los precios de los alimentos permanecen elevados y volátiles. FAO
  3. Nierember, D et Halweil, B. (2008) Modelo agroalimentario, riesgos ambientales y salud. CPI
  4. Vivas, E. (2008) La cadena agroalimentaria: Un monopolio de principio a fin. CPI

Hay % Comentario

  1. Juan david dice:

    Me sorprende que no se mencione a los subsidios agricolas en los paises desarrollados, que impiden que los paises en desarrolle cultiven más, como unas de las principales causas de esta tragedia, incluso la ONU los ha identificado como los principales culpables.

Trackbacks/Pingbacks

  1. Editorial Boletín Abril de 2012 - Revista Supuestos

Escribe tu Comentario