La teoría de lo impredecible y los Cisnes Negros de 2011

19 agosto, 2011 | Sin categoría

El libro de Nassim N. Taleb llama la atención sobre lo acostumbrados y acomodados que solemos estar a la normalidad de los hechos, entendida ésta como la gran concentración que suele haber alrededor de la media de eventos aleatorios, supuesto frecuente en estadística y otras disciplinas afines y cuya ausencia invalidaría, o al menos sí complicaría muchas teorías.

Camila Estrada Echeverri

La nueva década nos sorprendió con grandes fenómenos, la mayoría de los cuales continúan en pleno desarrollo. La temporada invernal en Colombia y sus consecuentes inundaciones, el despliegue de las protestas en el Mundo Árabe, el terremoto – tsunami en Japón y la posterior alerta nuclear, el resurgimiento de la crisis de deuda europea en Portugal y el segundo rescate de Grecia, los múltiples destapes de corrupción a nivel nacional, y más recientemente, el debate del techo de la deuda en EE. UU. y la rebaja en la calificación crediticia del mismo país, son sólo algunos de los fenómenos que difícilmente se previeron con la suficiente asertividad. Pero en realidad, ¿qué tan impredecibles eran estos fenómenos? ¿Quién los vio venir y advirtió sobre ellos? ¿Qué tan fácil será en adelante poder prever mejor fenómenos similares? El objeto de este artículo no es realmente dar respuesta concreta a dichas preguntas, ni mucho menos intentar estimar probabilidades y elaborar predicciones, frecuente labor de los economistas. El propósito es el de discutir la ocurrencia y características de algunos de estos inesperados fenómenos a la luz de una teoría relativamente nueva: “La Teoría de lo Altamente Improbable”. A decir verdad, el libro de Nassim Nicholas Taleb no pone nuestra profesión en el mejor de los lugares, como se comentará más adelante, pero vale la pena rescatar algunas ideas sobre lo “acostumbrados y acomodados” que solemos estar a la “normalidad” de los hechos. Dicha “normalidad” debe ser entendido en adelante como la gran concentración que suele haber alrededor de la media de eventos aleatorios, supuesto frecuente en estadística y otras disciplinas afines y cuya ausencia invalidaría, o al menos sí complicaría muchas teorías.

Para entrar en materia vale la pena destacar que Taleb es un matemático financiero de la Universidad de París, M.B.A. de la Universidad de Pennsylvania y Ph. D. de la Universidad de París. Una de las asignaturas que enseña en el Instituto Politécnico de Nueva York es ingeniería del riesgo, pero también figura como investigador asociado de la Universidad de Oxford. Ha dictado cátedra en London Business School como profesor visitante, figura en la Universidad de Nueva York, en calidad de profesor adjunto de matemáticas, y en la de Wharton Business School, como miembro afiliado al Centro de Instituciones Financieras. De ascendencia libanesa, se considera más académico que hombre de negocios de Wall Street, habiendo sin embargo ocupado posiciones importantes en reconocidas instituciones financieras. De hecho, desde 2010 trabaja con el Fondo Monetario Internacional en la identificación y mitigación de “riesgos de cola” (tail risks)[1] en los mercados financieros. No sobra mencionar que Taleb hizo una gran fortuna al anticiparse acertadamente a la crisis financiera de 2001, que luego multiplicó durante la crisis hipotecaria de 2007 en EE. UU., y que uno de los fondos financieros que operan bajo esta teoría del Cisne Negro, de la cual Taleb es consejero, logró retornos hasta de 65% y 115% en plena crisis financiera de 2008. También vale la pena comentar que su primer libro no técnico fue publicado en 2004, con el título “¿Existe la Suerte? Engañados por el Azar”[2], y el segundo, al que este artículo hace referencia, salió al público en 2007, con el título “El Cisne Negro: el Impacto de lo Altamente Improbable”[3]. Los medios reportan que al cierre de febrero de 2011 éste último libro completó tres millones de ejemplares vendidos, mientras que sumó 17 semanas en la lista de bestsellers del New York Times y fue traducido a 31 idiomas[4].

Un Cisne Negro a los ojos de Taleb, “es una rareza, pues habita fuera del reino de las expectativas normales, porque nada del pasado puede apuntar de forma convincente a su posibilidad” (Taleb, 2007). Además produce un gran impacto, y pese a ser una “rareza”, luego de presenciarlo tendemos a dar explicaciones y hacerlo predecible a nuestros ojos. Taleb critica el uso de “herramientas y métodos que excluyen los sucesos raros” (Taleb, 2007) para intentar predecir el futuro. Reprocha fuertemente la arrogancia con la que los economistas o profesionales en finanzas se abalanzan a pronosticar, bien sea con sencillos o sofisticados modelos, o con simples presunciones, pretendiendo que saben sobre lo que en realidad no. Advierte que al ignorar las pequeñas probabilidades en los extremos de las colas de una campana gaussiana[5], sólo demostramos la soberbia que conlleva a la confusión, la ignorancia y la vanidad o petulancia. Según él, “sobreestimamos lo que sabemos e infravaloramos la incertidumbre”, y a ello le denomina arrogancia epistémica. Considera como de la naturaleza humana el tender a subestimar las rarezas o Cisnes Negros: tendemos, según él, a pensar que lo que ocurre cada diez años en realidad ocurre cada cien, y por si fuera poco, que sabemos anticiparlo. La realidad es que no.

Se podría suponer en principio que para un economista o ingeniero cuantitativo estas afirmaciones caerían mal en principio, pero que proviniendo de otro experto cuantitativo, -por demás muy reconocido-, al pensarlas con cabeza fría nos ponen al menos a cuestionar las metodologías tradicionales tan bien enseñadas y aprendidas en la Academia.

Taleb advierte que “cuanto mayor sea el papel que desempeñe el Cisne Negro, más difícil nos será predecirlo” (Taleb, 2007). Según él, todo lo que se mueve es proclive al Cisne Negro, es decir que el universo, la dimensión espacio – tiempo y la existencia misma, están sujetas a la ocurrencia de eventos altamente improbables… y si nos quedamos, por ejemplo, en el campo de la astrofísica, ¿no sería el propio Big-Bang la prueba de la ocurrencia de un gran Cisne Negro? ¿La formación o colisión de una galaxia no sería un Cisne Negro? Si hasta la existencia de la vida como la conocemos es un Cisne Negro, ¿entonces qué no lo es? Hasta nosotros mismos dentro de nuestra individualidad acabamos siendo un Cisne Negro. La verdad entonces es que estamos rodeados de más Cisnes Negros de los que nos imaginamos. De hecho, a manera de una humilde crítica a la obra de Taleb, esta generalización podría incluso dar para pensar que, si todo cuanto sucede es un Cisne Negro, no pierden entonces los fenómenos individuales su rareza y dejan de ser Cisnes Negros? Por su puesto que el objeto de esta reflexión no es, ni mucho menos, el de invalidar la Teoría de Taleb, sino más bien el concientizar al lector de la verdadera posibilidad de ocurrencia de fenómenos que muchas veces no consideramos dentro de las alternativas, por juzgarlos como altamente improbables.

Si nos remitimos al contexto histórico por ejemplo, en el campo de las ciencias no puede “no haber” Cisnes de este tipo: Taleb incluso menciona grandes invenciones como el computador y el Internet dentro de este gran grupo. Es más, dentro de los fenómenos económicos hay también grandes exponentes: la misma industrialización pudo haber sido un fenómeno altísimamente improbable, aunque en retrospectiva para algunos no lo sea.

Inclusive hasta las crisis económicas a lo largo de la historia son por supuesto grandes exponentes de estos “raros” animales, que como puede apreciar el lector en realidad no son tan “singulares”. Y sí, puede haber algún que otro visionario de vez en cuando pronostique la probable emergencia de una gran crisis, ¿pero cuántas no pronosticó antes que en realidad no hubiesen ocurrido? ¿Hizo aquél bien en fijarse en la densidad de esas colas de la campana de gauss al atreverse a presagiar una crisis? Y si pudo atinarle al menos a la ocurrencia del fenómeno, ¿lo hizo respecto a momento e impacto?

Bien, pues el mensaje de Taleb es que no debemos preocuparnos por la posible emergencia de fenómenos improbables, pues en todo caso ocurrirán, y lejos estaremos de acercarnos si quiera a factores como momento e impacto. ¿Lo debemos entonces dejar todo al azar?

Como verá el lector, a lo largo de tres diferentes lecturas del Boletín virtual de la revista, pretendemos identificar algunos de los mayores Cisnes Negros que vimos nacer en 2011 y que nadie pudo anticipar con celeridad, en ocurrencia e impacto, como las revueltas en el Mundo Árabe, la catástrofe natural en Japón y la crisis de deuda europea. Es más, algunos de ellos continúan “vivos”. Que sirva entonces este artículo a manera de reflexión para aquellos estudiantes y profesionales cuantitativos, en el sentido que por más sofisticado que sea el modelo del cual nos valgamos para acercarnos a la probabilidad de ocurrencia, lejos seguiremos estando de pronosticar acertadamente aquellos fenómenos despreciados por las colas de una distribución “normal”. Otra enseñanza de esta teoría es que no debemos entonces dejarnos seducir por la sofisticación de los modelos al punto de desechar aquellos sucesos que podrían ocurrir con probabilidades mínimas, pues no sólo nos hacen alejarnos de la consideración, al menos lejana pero razonable, de fenómenos a simple vista improbables, sino que nos hacen caer en la arrogancia, develando más vergonzosamente ignorancia y confusión.

NOTAS AL PIE

  1. En finanzas, por ejemplo, el riesgo de cola es comúnmente entendido como aquél que subyace a más de tres desviaciones estándar de la media de los datos (que pueden representar los precios de un portafolio de inversión), asumiendo que éstos se distribuyen siempre normal. http://www.investopedia.com/terms/t/tailrisk.asp
  2. En inglés: Fooled by Randomnes: The Hidden Role of Chance in Life and in the Markets.
  3. En inglés: The Black Swan: The Impact of the Highly Improbably.
  4. http://http://en.wikipedia.org/wiki/Nassim_Nicholas_Taleb
  5. En estadística y probabilidad la distribución normal, de Gauss o Gaussiana, es la que suele representar más frecuentemente los fenómenos reales. La gráfica de su función de densidad tiene la forma de una “campana”, por ello se le conoce como campana de Gauss o gaussiana.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Taleb, Nassim N. (2007). El Cisne Negro; el impacto de lo altamente improbable. Nueva York.

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  1. Boletín de Agosto 2011 – La teoría de los Cisnes Negros - Revista Supuestos

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